jueves, 22 de octubre de 2015

¿Un perro de raza o no?

No se ha de olvidar que un perro, al igual que un ser humano, es ante todo un individuo, cualquier perro, pura raza o no, tendrá su propio carácter. Un mestizo puede ser tan fiel y afectuoso como un perro de raza, y puede ser igualmente juguetón o perezoso, agresivo o cariñoso, atrevido o tímido. Sin embargo, el perro de raza tiene la gran ventaja de que su aspecto puede preverse y su carácter predecirse más o menos cuando aún es un cachorro. En cada animal se manifestarán rasgos individuales, pero todos los miembros de una raza tenderán a tener la misma disposición natural. Un perro perteneciente a una raza de pastor, como por ejemplo un pastor aleman, será un buen perro guardián dispuesto a siempre a su dueño; un terrier es activo y alegre; un perro de caza es voluntarioso y posee un fuerte instinto cazador. Puesto que el perro de pura raza permanecerá fiel a su tipo, esto hace que sea más fácil elegir un cachorro que cuando crezca satisfaga nuestro gusto, necesidades y circunstancias. Sin embargo un tipo de perro de de compañía como el shih tzu, será un perro perfecto para tener en el hogar.


Otra consideración muy distinta que puede hacer que se prefiera un perro de raza es que, si se quiere tener descendencia del animal doméstico en cuestión, se puede esperar un resultado más atractivo de lo que sería en el caso de un mestizo. Puede obtenerse una prometedora camada de una perra hermosa, sana y de pura raza y de un semental bien escogido. Sin embargo, se tiene que advertir que una tal camada exigirá gran cantidad de cuidados e implicará considerables gastos de los que apenas si se sacará algún provecho con la venta de los cachorros: ¡será mejor no hacerse ilusiones en este sentido! No obstante, es una agradable experiencia ver una camada de cachorros crecer de día en día.


Si no se tiene gran deseo de un perro de una raza determinada, se encontrará probablemente un amplio surtido a elegir entre los desgraciados canes que están esperando un dueño amable y un buen hogar en las perreras locales para canes perdidos. La mayoría de ellos serán mestizos, es decir, perros cuyos padres no son de la misma raza. A veces se trata de cruces de dos canes pura raza de razas diferentes; generalmente son una mezcla de muchas razas por ser uno de los padres, o ambos, ya un mestizo. Desde luego, un tal mestizo puede constituir un compañero tan simpático y agradable como un perro de raza, e incluso puede ser un animal muy bello, aunque su aspecto exterior no siga el estándar de un perro de raza. Si es un can muy joven, su futuro aspecto exterior y su carácter no pueden predecirse. Por fortuna, hay siempre personas que están dispuestas a dejarlo en manos de la suerte. El riesgo que ello implica es naturalmente menor con un perro adulto; pues entonces nos encontramos con un perro cuyo carácter y aspecto exterior han madurado ya y podemos decidir con más certeza si satisface nuestros deseos. Sin embargo, no se olvide que un animal abandonado, que quizá ha sido tratado mal y luego tenido en una perrera durante días, no mostrará su lado más atractivo: un perro abandonado, tímido y hosco, puede llegar a convertirse en un compañero ideal al ser puesto en un nuevo ambiente más amable.


Se haría ciertamente algo meritorio al adoptar un perro abandonado, pero es una acción que requiere pensarla bien. Puede que haya un motivo por el cual un can haya ido a parar a la perrera, y si este motivo consiste en sus malas cualidades, tal vez éstas no se muestren hasta que haga cierto tiempo que se posee. En tal caso hemos de estar dispuestos a dedicarnos por completo a hacer frente a los problemas que pudieran surgir. Es inhumano liberar a un animal de su desgracia sólo para abandonarlo después. La bien intencionada pero poco meditada acción podría terminar en tragedia. Con la adquisición de un mestizo se incurre en el mismo grado de responsabilidad que con la compra de un costoso perro de caza.

Hay la falsa concepción, muy extendida, de que un mestizo será más fuerte y más resistente a las enfermedades que un perro de pura raza. Quienes hayan trabajado en una residencia canina saben bien que no es cierto.

Si, a pesar de todos los argumentos que pueden abogar por el rescate de una criatura necesitada, nos decidimos en favor de un perro pura raza, primero deberíamos considerar qué cualidades naturales queremos que tenga el perro que se va a adquirir. Una vez hemos determinado a qué grupo tendría que pertenecer el can: pastor, terrier, mastín, perro de caza o perro de compañía, aún queda una gran diversidad en cuanto a tamaño y pelaje. Por lo tanto, se deberían considerar cuidadosamente las condiciones en que tendrá que vivir el nuevo perro. Ninguna raza grande y de pelo largo va bien en un piso; ningún perro deportivo debería verse privado de la oportunidad de correr cuanto le venga en gana; y tampoco le conviene a un perro cazador la vecindad de campos abiertos o bosques donde, siguiendo su natural instinto, podría perderse. No se ha de olvidar que el aseo de un perro de pelo encrespado o largo exige mucho más tiempo que el de un perro de una raza de pelo liso, y que es posible que las visitas a la peluquería canina requeridas por el primero salgan bastante caras. Si nos oponemos a ellas, pronto poseeremos un perro que tendrá un aspecto completamente diferente de los del tipo elegido. Algo parecido puede ocurrir en el caso de que, sin saber la raza, no podamos resistir la tentación de adquirir un delicioso cachorrito, después de medio año o algo así, se convierta en un enorme perrazo que nos eche materialmente de la habitación.

Para que nos ayude a decidir la raza, si aún no hemos hecho la elección, podemos visitar exposiciones caninas de razas especiales. El aficionado haría bien en estudiar las muchas ilustraciones y descripciones de las diversas razas que aparecen en este libro.

Tan pronto como se haya hecho una elección más definida, se puede obtener información más detallada de los clubs especializados que existen para la mayoría de razas. Estos clubs han sido fundados por propietarios y criadores con el objeto de velar por los intereses de una raza o grupo de razas determinado y están dispuestos a dar cualquier información que se precise. Las direcciones de las secretarías de dichos clubs pueden conseguirse dirigiéndose a la Federación Cinológica de cada país.

Si se quiere el consejo imparcial de expertos en la materia, lo mejor es hacer lo que acabamos de indicar. Guardémonos de comprar un perro haciendo caso de los muchos anuncios de los periódicos, puesto que muchos de los canes ofrecidos para la venta en ellos proceden de ciertos tratantes o criadores que solamente se ocupan de obtener ganancias. Estas personas hacen aparear dos perros cualesquiera de la misma raza sin preguntarse si es o no una combinación aceptable, hacen criar demasiado a menudo a la misma perra y dan a la madre y a los cachorros alimento de mala calidad e insuficiente. Hay, por lo tanto, un grave riesgo de que le pase algo al cachorro que ha sido llevado en triunfo a casa y que luego, aparte de la decepción, la molestia y las cuentas del veterinario, no se pueda hacer nada por él. Este también es el caso cuando, como puede ocurrir, el vendedor promete enviar el certificado de origen del cachorro y no lo hace. Y con todo esto, tales tratantes ponen un precio a sus cachorros igual al que se pide por un cachorro criado con cuidado y experiencia por un criador honrado y que sienta vocación por la cría.

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