Queridos Reyes Magos:
Mi nombre es Ada. Tengo 2 meses y soy una refugiada. Convivo con otros
que, al igual que yo, han conocido la cara menos amable del ser
humano. Todos formamos una gran familia, nos queremos y cuidamos entre
nosotros. En ocasiones algunos se marchan. De vez en cuando vemos
fotitos de esos afortunados, con su familia, y nos envían muchos
recuerdos.
Algunos de mis compañeros son mucho más mayores que yo. Ellos dicen
que se acercan fechas especiales. No son las primeras que pasan en el
refugio, y para muchos, tampoco serán las últimas.
Me cuentan que, en días determinados, los humanos se rehúnen con sus
familias e intercambian regalos. Tal vez no tienen muco valor
económico, pero sí el emocional que conlleva saber que alguien pensó
en tí.
Pero nosotros no tenemos familia. A nosotros nos echaron a la calle,
sin más. Sí, es cierto que nos nuestros humanos nos atienden, nos
quieren y nos protegen, pero, auqnue sea pequeña, a veces las escucho
hablar de algo llamado dinero. Y sus voces suenan cargadas de
preocupación. Hablan de escasez de pienso, de facturas, de alquileres,
de veterinarios. Nosotros no entendemos de esas cosas, y cada día
movemos nuestro rabito esperando alguna chuche que recompense lo
buenos que somos, o un juguete nuevo que reemplace los que ya
rompimos. Sí, no entendemos de dinero, pero nos damos cuenta de que
cuando buscamos esas cosas, sus ojos se humedecen y nos dicen con
profundo dolor que hoy no hay.
Entonces intentan distraernos, y nos dan muchos besitos, para que no
echemos en falta esos caprichos de los que no siempre podemos disfrutar.
No podemos recriminarles nada, hacen lo que pueden, a veces incluso
más allá de sus medios, y al fin y al cabo todas nuestras necesidades
están cubiertas.
Mi mayor regalo sería ver fotos de todos ellos en un jardín con una
pelota, tumbados en un sofá con un gran hueso en la boca, o con un
niño abrazándolos. O una carta de sus papás, diciéndonos que no lo
cambiarían por nada.
Pero sé que eso no está en vuestras manos. Sé que para muchos sería
algo imposible.
Pero sí podéis ayudarme con esto.
Desde este momento, hasta principios de Enero, estaré esperando
ansiosa para recibir los regalitos que podáis enviarnos. ¿Imagináis lo
que supondría para cada uno tener un regalo? Pelotas, camitas nuevas,
peluches, chuches, huesos... todos los caprichitos de los que no
podemos disfrutar a diario... ¡podríamos tenerlos! Nuestras humanas
están dispuestas a colaborar. Ellas empaquetarán y guardarán cada
regalo que nos mandéis, y el día de Reyes, saldremos todos juntos,
como esta familia que somos, a jugar y divertirnos sin pensar, por un
día, en facturas ni deudas.
Sí, tengo esperanza. Tengo fe. No pierdo nada. Por ellos, y por mí,
quiero intentarlo.
¿Y tú?
Lametones de una cachorrita ilusionada


























